miércoles, 16 de mayo de 2012

Tinta a luz - Los Juegos del Hambre

Hace poco más de un mes te hablaba de unos libros que serían llevados a la pantalla grande en el 2012. En ese entonces te comenté que le tenía muchísimas ganas a una película en especial: The hunger games.

Sobre el libro en sí, ya te he hablado bastante en una reseña anterior, pero podemos resumirlo nuevamente: en las ruinas de lo que hoy es Estados Unidos, el Capitolio reina sobre los 12 distritos de Panem y, cada año, los obliga a enviar un chico y una chica (entre los 12 y 18 años) a participar en los juegos del hambre, un reality show donde los niños deberán enfrentarse hasta que solo quede uno.

Esto de las adaptaciones audiovisuales es algo complicado, porque siempre nos da la impresión de que el libro es mejor que la película. Esto es lógico, ya que una novela te lleva al corazón mismo de los personajes. El cine puede agregar todos los efectos especiales que quiera, pero se necesitan un buen guión, estupenda actuación y una edición impecable para que por lo menos se asemeje a la fuerza de un libro.

Cuando, además, las novelas han tenido un éxito grandísimo (como es el caso de esta saga), hay todavía más expectativa... y más presión.

Entonces, ¿cumple la adaptación cinematográfica de Los Juegos del Hambre con las ansias que tenían los fans? (Ok, ¡yo me incluyo entre los fans!). Sí, cumple. La película logra algo que el libro no: retratar la miseria del distrito 12, pues si bien en la novela Katniss nos la pinta (y de buena manera), una cosa es que te lo cuenten y otra es verlo.

Pero, siguiendo la regla anteriormente mencionada, me quedo con el libro. A pesar de los aciertos en esta adaptación audiovisual (que fueron muchos) y que está bastante apegada al libro, sufro con los recortes en el guión, con los cambios de algunos acontecimientos (en toda película, esto siempre va a pasar) y con un sabor agridulce: no lloré.

Sí, ridículo, lo sé, pero cuando un libro me ha humedecido los ojos, espero que su adaptación audiovisual haga lo mismo, que me fuerce a esconder la cara para que nadie vea las lagrimillas que se me quieren salir. En esta película, ni siquiera saqué el pañuelo. Y vos dirás: ¿por qué diantres le molesta a esta tonta que no la haya puesto a llorar? Es simple: en mi caso particular, las lágrimas son muestra de la fuerza emocional que transmite un libro o, en este caso, una película.

Y yo adoro los libros/películas con fuerza emocional, porque es el poder del escritor/director de transmitir sus emociones a los lectores/espectadores. Me pregunto si a vos te pasará lo mismo o algo similar...

Resumen: la película está genial para pasar un buen fin de semana y disfrutar como se debe. Pero el libro está mucho mejor... y no para un fin de semana, sino para la semana entera.


Sobre la autora: Ángela Arias Molina. Productora Audiovisual graduada de la Universidad de Costa Rica. Aprendiz de escritora con unas cuantas novelas engavetadas. Fundadora y directora del proyecto "Página Cero".

2 comentarios :

  1. Totalmente de acuerdo con eso de que los libros o películas pueden transmitir emociones, más de una vez me ha pasado, desde alegría hasta tristeza, ¡y es maravilloso!

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  2. @Juan Diego, ¡es maravilloso, sí! Por eso es que la literatura y el cine son arte, porque pueden tocar el corazón de la gente :)

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Gracias por pasar al blog de PG0.

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